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Transcurridas unas horas desde las elecciones, necesariamente nuestras primeras palabras han de ser de agradecimiento a los varios cientos de compañeros que depositaron su confianza en nosotros. Las urnas han emitido su decisión que, lógicamente, respetamos y aceptamos. ¡Y cómo no, si precisamente la primera intención que tuvimos al presentar nuestra candidatura fue generar un proceso electoral democrático y abierto! 

 

Ha sido gratificante ver cómo algo más de 1.000 compañeros ejercieron su derecho al voto, incluso abogados que nunca habían pisado el Colegio hasta ahora. Es buena señal. Vamos por el buen camino.

 

 A pesar de que nuestro proyecto no mereció el respaldo mayoritario, al menos nos queda la satisfacción de advertir que cerca de 500 compañeros creyeron en él y en el grupo que podía llevarlo adelante. No obstante, no dudamos que numerosas medidas de nuestro programa podrán ser asumidas por la futura Junta de Gobierno, a quien deseamos éxito y acierto en su gestión, pues ello redundará en beneficio común.

 

 Nuestro compromiso sigue vivo: no concurrimos a estas elecciones de manera inconsciente u oportunista. En verdad creemos en todas aquellas medidas que proponíamos. Y entendemos que no deberían caer en saco roto. Todos debemos seguir sintiendo que estamos llamados a defender nuestra profesión y nuestro Colegio.

 

 Es nuestra intención mantener abierta esta página web de forma indefinida -así como su blog- y ello con la intención de ser cauce de intercambio de pareceres y opiniones. Que nadie quiera ver en esto una actitud de contestación u oposición a la nueva Junta de Gobierno, nada más lejos de nuestra intención. La alta participación en estas elecciones evidencia que la abogacía zaragozana está viva y deseosa de manifestar sus inquietudes, y tal movimiento debe tener respuesta: desde el liderazgo que haya de tomar la Junta de Gobierno hasta el necesario debate interno sobre los destinos de nuestra profesión y de nuestro Colegio. Y cuantos más cauces de participación existan, mejor para todos.

 

 Un fuerte abrazo a todos.

 

 

Antonio Morán Durán

Antonio Morán Durán

 

 

 

Candidatura Profesionales de la Abogacia REICAZ 2008

Candidatura Profesionales de la Abogacia

Querid@s compañer@s:

 

Proclamada ya nuestra candidatura a las elecciones del ReICAZ, abrimos este espacio de debate e intercambio de ideas.

 

En estos días entre todos podremos compartir propuestas para mejorar nuestra situación como abogados, porque ello implica mejorar la profesión y el Colegio. Y lo anterior sin olvidar la vocación social y pública de éste, que precisa igualmente de un proceso de reflexión.

 

Quizás algunas cuestiones que platees pueden contenerse en nuestro programa. Da igual, siéntete libre para opinar.

 

Un fuerte abrazo,

Antonio Morán Durán

Antonio Morán Durán

El compañero Gutiérrez, en todas sus intervenciones públicas, nos denomina “dimisionarios” y demanda una explicación de los motivos de nuestras dimisiones que, según él, no hemos dado. Insisto, una vez más, que debemos mirar al futuro y que, como ya ha dicho algún interviniente en su foro, lo que importa es el programa y los encargados de llevarlo a cabo. Sin embargo pese a mi inicial reticencia creo que tanta insistencia merece una respuesta detallada de los motivos de dichas dimisiones, y ello aún a pesar de que alguien pueda sentirse aludido. No queríamos esto, pero no queda más remedio.

Expuesto lo anterior, hay que decir que son los mismos motivos los que impulsaron a varios miembros de la Junta de Gobierno a dimitir y presentarse al nuevo proceso electoral en el que nos encontramos. Estos compañeros somos Carlos Sánchez Noailles, Luis-Tomás García Medrano, Cristóbal Ramo Frontiñán, Ramón Campos García, Yolanda Mompel Lasheras, y éste, quien suscribe. Como recordaréis los citados accedimos a la Junta de Gobierno a finales de 2006, momento en el que se renovó parcialmente la Junta para cubrir los cargos de Vicedecano, Secretario, Tesorero, Bibliotecario, y Vocales 3º, 4º, 8º y 9º. Estando en la Junta y al poco de tomar posesión, nos enteramos que ya estaba designado el sucesor al Decanato y que éste era Ignacio Gutiérrez Arrudi.

Por cierto, en esas elecciones del año 2006 hubo varios compañeros que, previamente al proceso electoral, dimitieron para presentarse nuevamente. No creo recordar que, ni públicamente ni por escrito, nadie mostrase extrañeza, queja o ironía por tal actuar. Estos compañeros que optaron por tal actuación fueron Javier Sancho-Arroyo (de Secretario, quedándole dos años, para ViceDecano) y Luis García Medrano (quien, por el contrario, finalizaba su cargo de Diputado Cuarto). 

Hasta ahora, como decía, he sido reacio a comentar públicamente los motivos de nuestras dimisiones. Mi lealtad y respeto a las personas con las que he compartido Junta de Gobierno, así como mi intención de no herir la sensibilidad de nadie me han llevado permanentemente a la discreción. No obstante lo anterior, es evidente que había otros muchos compañeros que, sin pertenecer a la Junta, no eran ajenos a la situación que se vivía en la misma. Por ejemplo, el compañero Gutiérrez -que tanto insiste en solicitar explicaciones a las dimisiones- era conocedor de los motivos de las mismas pues, si sus fuentes de información no le transmitieron los detalles, yo se lo comenté personalmente en varias ocasiones, siendo la primera de ellas el 27 de marzo de 2008. No obstante, me consta que, como “delfín”, nombrado a dedo desde el propio Colegio, estaba al tanto de todo. 

Y, precisamente, son compañeros que conocían la existencia de problemas en el Colegio los que públicamente y por escrito están demandando que explique el por qué de las dimisiones: me remito a la  página web de la “Candidatura de J. Ignacio Gutiérrez Arrudi”. Si permanezco callado, seguro que el silencio seguirá siendo interpretado negativamente. Me remito, como prueba de ello, tanto a las acusaciones  recibidas de “falta de visión institucional” de los que dimitimos (Fernando Sáinz de Varanda, miembro de la  candidatura de Ignacio Gutiérrez Arrudi y compañero de despacho del actual Decano), como a las  afirmaciones veladas de no sé qué cosas más -y permitidme que no concrete, pues no me sobra el tiempo  para entrar en provocaciones-.

¿Y si hablo? Si hablo, ya os lo adelanto, será siempre con respeto hacia las personas y la institución colegial,  y rogando a los que me demandan estas explicaciones que sean leales -no conmigo, que no deseo ello-  sino con sus amigos, que son las personas que se pueden sentir aludidas en estas líneas. Si el diagnóstico  que hago en estas líneas está en lo cierto -cuestión que estaría dispuesto a debatir-, se podrá entender que  la ilusión y entusiasmo con el que accedí a la Junta en el año 2006 no se haya materializado. En tal tesitura  había de optar: o bien retirarme de ese órgano de gobierno, o bien seguir adelante. Y decidí esto último:  aunar intereses similares de otros compañeros -pertenecientes a la Junta y de fuera de ella- para que, con  su experiencia y ánimo, y elaborando un programa electoral realista y ambicioso, pudiéramos ser una oferta  de renovación en el Colegio. 

La candidatura PROFESIONALES DE LA ABOGACÍA constituye un grupo unido, coherente y experimentado  a pesar de la diversa dedicación profesional y de las distintas sensibilidades personales de cada miembro. Constituye por tanto un equipo capaz de asumir las responsabilidades del Colegio sin que  intereses personales o de otro orden distorsionen su trabajo. Y entiendo que la Junta de Gobierno debe tener  este perfil.

Asimismo, este grupo de personas -amén de otros que han colaborado en confeccionar el programa e  ideario de la candidatura- tienen un concepto claro tanto de la necesidad de dar un renovado impulso al  Colegio y a la profesión, como de los temas importantes y prioritarios que han de abordarse. 

Dicho esto, concreto las explicaciones. ¿Qué ha motivado mi dimisión y la de mis compañeros? Sería muy largo de contar la totalidad de experiencias vividas, pero a modo de resumen puedo señalar varias circunstancias: 

1. La falta de un proyecto de futuro.
En el tiempo que estuve en la Junta de Gobierno no vi que existiesen ideas o proyectos para dar un impulso a la actividad colegial. 

Las actuaciones que se desarrollaban puedo definirlas como de “mantenimiento de la actividad”. Lo anterior  no es poco, pero a mi juicio era claramente insuficiente. Incluso puedo decir que con la entrada en la Junta  de los compañeros que ahora nos presentamos nuevamente a las elecciones, se incrementó esa “actividad  habitual” del Colegio. Véase, por ejemplo, la puesta al día de la Comisión de Honorarios y el incremento de  la actividad de la Comisión de Formación, por ejemplo.

Y yo no entré en la Junta de Gobierno sólo para organizar actividades formativas -en mi calidad de Presidente  de la Comisión de Formación- o para tramitar expedientes disciplinarios…

Si he de estar en la Junta de Gobierno quiero que sea para hacer algo más, lo que no ha sido posible en la situación vivida. Ello motivó que incluso algunos compañeros dimitiesen antes de iniciarse el proceso electoral.

2. La Junta de Gobierno no la aprecié como un grupo unido y cohesionado. No era un “equipo”. Admito -y  debe ser así- que la Junta de Gobierno debe acoger distintas sensibilidades personales y distinta  procedencia profesional de sus miembros. Así se conseguirá tener una visión más completa tanto de la  profesión como de los problemas de ésta y los problemas sociales en los que tenemos algo que decir. 

Sin  embargo hay que dar un paso cualitativo del “grupo” para intentar obtener un “equipo”. Éste, el equipo,  es algo más que la suma de diversos miembros; es esto último, pero con un plus añadido: la conciencia de  todos los partícipes de estar en una misma aventura, donde se intenta ver siempre lo positivo y constructivo  del compañero, incluso haciendo dejación de planteamientos personales en beneficio del común sentir del  resto; donde hay objetivos claros y proyectos comunes. 

3. La predeterminación de quién iba a ser el próximo Decano.
Si los dos anteriores motivos son ya suficientes para dejar la Junta de Gobierno sin agotar el tiempo de mandato, el hecho de que se supiera con anticipación que el próximo Decano debía ser el compañero Gutiérrez fue motivo determinante y no tanto por la persona en sí, sino por el modo de  determinar la sucesión.

El “aparato” del Colegio designó, pactó, o no sé qué, que el próximo Decano tenía nombre y apellidos concretos: Ignacio Gutiérrez Arrudi. Cualesquiera otros compañeros que pretendiesen provocar el  sano ejercicio democrático de sacar las urnas para votar libremente, no eran más que unos abogados  arriesgados que podían someter a la institución al peligro de la desestabilización. De ahí el miedo que  siempre se ha tenido desde las altas instancias colegiales a que existieran dos candidaturas con perfil  similar que pudieran restarse votos la una a la otra ante la perspectiva de que concurriera una tercera “no  afín” a las ideas institucionales.

De esta forma, si sólo había una candidatura rival y quien pudiese postularse a Decano o miembro de Junta de Gobierno era poco conocido dentro del círculo habitual del Colegio y sin apoyos dentro de este  círculo, no era peligro. Para su neutralización, bastaba con realizar algunas llamadas telefónicas la víspera  de las elecciones y problema solucionado, máxime cuando quien habitualmente participa en las elecciones  es el abogado afín al Colegio.

Pero, ¿y si se presentaban compañeros con otro perfil? El “aparato” se vio sorprendido cuando esos locos que  pretendían sacar la urna eran compañeros que vivían de la profesión desde hacía años, que no eran  desconocidos ni oportunistas y que, incluso, varios de ellos ya habían sido miembros de Junta de Gobierno  evidenciando tanto un sentido institucional como un compromiso serio con los problemas e intereses de  los compañeros. Estos locos somos nosotros.

Por todo ello, me sorprende que el compañero Gutiérrez se  postule como renovador. Que diga que los problemas del Colegio nacen a raíz de las dimisiones, cuando la  política acomodaticia del Colegio viene de muchos años atrás, cuando el propio Ignacio era miembro de la  Junta de Gobierno. Por cierto, entonces ya tenía este Colegio el personal laboral que ahora tiene y no  recuerdo que se hiciera nada al respecto. Si nosotros no hubiéramos hecho nada, todo seguiría igual.  Probablemente, en estas fechas, Ignacio sería el candidato único, nombrado a dedo por el “aparato” y  tendríamos más de lo mismo durante cuatro años o quizá más. Esta es una oportunidad única. Es la primera  vez que compañeros con un amplio historial de trabajo por y para el Colegio, dimiten de la Junta de  Gobierno, rompiendo con la dinámica continuista, y posibilitan que exista un debate y elecciones abiertas, en las que no esté de antemano predeterminado el resultado y el Decano. El próximo día 2 tendremos la  solución. 

 

 

Antonio Morán Durán

Antonio Morán Durán

Crisis y renovación. Parece que son las dos palabras que están de moda en estos días. La crisis interna del principal partido de la oposición en nuestro país, la necesidad de una profunda renovación tras el fracaso del primer club de fútbol de nuestra Comunidad… Todo es hablar de crisis y de necesidad de renovar estructuras, ideologías, líderes… Así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, a quien esto escribe le ha dado por pensar que tal vez no era un mal momento para reflexionar –siempre de forma subjetiva, porque como decía Octavio Paz no somos objetos…- sobre nuestro Colegio y su, a mi juicio, preocupante deriva en los últimos tiempos. 


Durante años he tenido oportunidad de conocer de primera mano mucho de nuestra abogacía institucional, sus múltiples órganos –a veces casi difícil de comprender: Comisiones, Agrupaciones, Colegios, Consejos Autonómicos, Confederaciones, Consejo General…-, sus Decanos, sus Juntas…, una multiplicidad compleja que si algo me ha aportado, esencialmente, es un poco de experiencia para leer algunas realidades de la vida corporativa de la Abogacía. En todo caso, cuando hay signos tan evidentes, poco hay que profundizar para saber que algo –no muy positivo- está pasando en el Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza.


Me gusta decir que el REICAZ tuvo hace ya casi veinte años –cualquiera lo diría- su propia “revolución”. Hoy, sin embargo, el estancamiento es ciertamente preocupante. Fuimos pioneros en muchas cosas: servicios de atención y orientación al ciudadano, escuela y formación, secciones… Pero esa es la cuestión: lo fuimos, ya no lo somos. Tampoco a nadie le escapa, creo, que hemos dejado de tener –si un día llegamos a tenerla- la llegada, la proyección social obligada para un colectivo esencial en la defensa de las libertades ciudadanas como es el nuestro. No se trata de salir más veces en la radio, sino de contar en y para la sociedad. Asimismo, padecemos una alarmante falta de dinamismo, una apatía creciente del colegiado que no puede ser entendida sólo como un problema del colectivo. ¿Habrá dejado la institución de dar a sus integrantes lo que piden y necesitan?. Algo tendrá que ver entonces el Colegio.


Hoy son necesarias muchas cosas nuevas. Demasiadas. Demasiadas nuevas definiciones del Colegio y, por ende,  de la Abogacía que en Zaragoza queremos. Necesitamos una nueva estructuración interna del Colegio, de su personal y de sus funciones. Necesitamos reordenar y renovar una Escuela de Formación que debe ser buque insignia para la inminente Ley de Acceso que se avecina. Necesitamos dotar de nueva savia y vida a las secciones del Colegio. Debemos motivar, ir a buscar al colegiado para que vuelva a “su” casa. Y para ello no vale con darle siempre lo mismo, estamos obligados a ser imaginativos en las respuestas y en las propuestas, en los nuevos servicios –sólo hay que mirar a otros colegios y tomar ejemplo- y en las actividades colegiales. Necesitamos volver a recobrar un protagonismo social que nos permita reivindicar y tratar de igual a igual a nuestra recién estrenada Administración de Justicia -¿nos hemos olvidado de que somos, con mucho, el colectivo más importante de la Justicia en Aragón?-.


A ver si nos enteramos: Ya estamos atravesando una profunda crisis. El error está, posiblemente, en seguir tratando de hacer equilibrios estéticos de cara a la galería. Esa suerte de continuo maquillaje para que no se nos vean las arrugas. Tenemos detectados los problemas. Hemos batallado demasiadas veces en los últimos tiempos contra un muro difícil de franquear. Intentando. Aguantando. Casi desesperando. Ahora es el momento. Debemos ser corresponsables en las soluciones. Impliquémonos todos y confiemos en que nos permitan esa necesaria renovación. Será una ardua tarea. Habrá que vencer esa democracia que se fragua en cuatro despachos, no tener miedo a las urnas y, sobre todo, sobreponerse, de una vez por todas, a esa acostumbrada dinámica de nuestro colectivo marcada por el “que todo se mueva para que nada cambie…”.

 

Luis Tomás Garcia Medrano

Luis Tomás García Medrano

Hoy en día casi nadie discute la necesidad de acometer una reforma en nuestras normas de honorarios, elaboradas en 2.001 para adaptarlas a la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil.

El tiempo nos ha hecho ver que estas normas son claramente mejorables, unas veces porque contienen errores y otras porque la experiencia ha mostrado que algunas materias deben estar mejor reguladas, tanto por el desfase en los importes de honorarios, como por los problemas de interpretación que generan. Además de ello, en este tiempo han surgido nuevos procedimientos no previstos por las normas y, aunque éstas prevén la posibilidad de aplicación analógica, es evidente que materias tan importantes como los Juicios Rápidos y el procedimiento concursal merecen una regulación específica.

Hace aproximadamente dos años, el Consejo de Colegios de Abogados de Aragón preparó una reforma completa mediante la publicación de nuevas normas aplicables a los Colegios de Zaragoza, Huesca y Teruel que, sin embargo, quedó aplazada “sine die” ante la posibilidad de que la publicación de esas normas fuera calificada como una práctica ilegal por la Comisión Europea. 

A pesar de ello y por mandato legal (artículos 35 y 246 de la L.E.C.), nuestro Colegio, al igual que el resto de Colegios de Abogados, debe efectuar informes en los casos de impugnación de honorarios en las reclamaciones de cuenta de abogado (la antigua Jura de cuentas) y en la impugnación de honorarios por excesivos en las tasaciones de costas y así lo ha venido haciendo, aunque con los problemas anteriormente mencionados.

Para dar salida a esta situación, es intención de esta candidatura abordar la cuestión, de momento, en una doble vía: 

1.- Fomentando la confección de hoja de encargo o presupuesto previo. Como medidas concretas, a este respecto, deberán realizarse y poner a disposición de los colegiados, diferentes modelos (y no uno solo como ahora) adaptados a los distintos procedimientos y encargos profesionales.

2.- Colaborar con el Consejo Autonómico y los Colegios de Huesca y Teruel para realizar, a los efectos de la emisión de informes en los supuestos previstos en la L.E.C. y, de forma supletoria para los casos de inexistencia de presupuesto previo, de unas normas de honorarios que, por una parte, respeten las recomendaciones de la Comisión Europea en materia de libre competencia y, por otra parte, que sean de fácil aplicación, evitando los problemas de interpretación y las lagunas que presentan las actuales normas.

La primera de las medidas deberá implantarse de forma inmediata, a principios del próximo año. La segunda llevará más tiempo, aunque puede aprovecharse parte del trabajo realizado. Razonablemente, el compromiso ha de fijarse para los meses de mayo o junio de 2.009.

 

Cristóbal Ramo Frontiñán

Cristóbal Ramo Frontiñán

Querido compañero:

 

Puedes y debes pedirle muchas cosas a tu Colegio, pero ¿qué le das?.Al menos ahora dedícale un par de minutos y lee esto. No dejan de ser unas reflexiones que deseo compartir contigo.

 

Ya sé que la colegiación es obligatoria, y que ello supone un gasto; ya sé que estás dado de alta en la Mutualidad -de la que desconfías casi tanto como yo- o en la Seguridad Social, que igualmente supone un considerable coste a cambio de no se sabe muy bien qué. Ya sé que dedicas a tu despacho más horas de las razonables y que cunde menos de lo que debiera; que siempre vas deprisa y parece que no llegas. Ya sé que abrazaste con ilusión una profesión que, en demasiados momentos, te da más sinsabores que alegrías… Pero es tu profesión y te gusta, como a mi.

 

En muchas ocasiones habrás tenido la sensación de que el Colegio no te sirve para casi nada, aunque es muy posible que tampoco te hayas preocupado demasiado en saber qué te puede ofrecer.

 

Te propongo, ¿podemos hacer un alto en el camino, tú y yo, y plantearnos seriamente si se puede hacer algo al respecto?

 

Compañero, pienso que siempre se puede hacer algo, que nunca es tarde para arreglar esas cosas que no nos gustan y que llevamos viendo siempre. No sé qué se conseguirá, pero si no nos movemos, te aseguro que nada cambiará.
 

Candidatura Profesionales de la Abogacia REICAZ 2008

Candidatura Profesionales de la Abogacia REICAZ 2008

 

Te pido que pienses en positivo. Y no te preocupes por hacer esas cosas que siguen pendientes, para eso nos presentamos a las elecciones un grupo de de compañeros que nos comprometemos seriamente a intentar hacerlas. Tú simplemente piensa y dinos qué quieres, qué deseas, qué te falta, qué te sobra. Nosotros intentaremos mejorar lo que hay, aunque no te puedo garantizar el éxito; no puedo mentirte. Pero sí te aseguro que no nos va a faltar ni la sensibilidad por atender tu problema, ni las ganas de trabajar, ni el amor a nuestra profesión, ésta que tantos malos momentos nos puede dar pero que tanto nos gusta y que nos ha convertido en lo que somos: abogados, Profesionales de la Abogacía.

 

Quiero asimismo expresarte que, con independencia del contenido de nuestro programa, creo que es igualmente importante que sepas que nuestra candidatura es un grupo unido y -sin querer ser pretenciosos- equilibrado. Por ello solicitamos tu voto a la candidatura entera.

 

Te pido tu confianza.

 

“Generalmente ganamos la confianza de aquéllos en quiénes ponemos la nuestra.” (T. Livio)

 

 

Antonio Morán Durán

Antonio Morán Durán

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