El compañero Gutiérrez, en todas sus intervenciones públicas, nos denomina “dimisionarios” y demanda una explicación de los motivos de nuestras dimisiones que, según él, no hemos dado. Insisto, una vez más, que debemos mirar al futuro y que, como ya ha dicho algún interviniente en su foro, lo que importa es el programa y los encargados de llevarlo a cabo. Sin embargo pese a mi inicial reticencia creo que tanta insistencia merece una respuesta detallada de los motivos de dichas dimisiones, y ello aún a pesar de que alguien pueda sentirse aludido. No queríamos esto, pero no queda más remedio.
Expuesto lo anterior, hay que decir que son los mismos motivos los que impulsaron a varios miembros de la Junta de Gobierno a dimitir y presentarse al nuevo proceso electoral en el que nos encontramos. Estos compañeros somos Carlos Sánchez Noailles, Luis-Tomás García Medrano, Cristóbal Ramo Frontiñán, Ramón Campos García, Yolanda Mompel Lasheras, y éste, quien suscribe. Como recordaréis los citados accedimos a la Junta de Gobierno a finales de 2006, momento en el que se renovó parcialmente la Junta para cubrir los cargos de Vicedecano, Secretario, Tesorero, Bibliotecario, y Vocales 3º, 4º, 8º y 9º. Estando en la Junta y al poco de tomar posesión, nos enteramos que ya estaba designado el sucesor al Decanato y que éste era Ignacio Gutiérrez Arrudi.
Por cierto, en esas elecciones del año 2006 hubo varios compañeros que, previamente al proceso electoral, dimitieron para presentarse nuevamente. No creo recordar que, ni públicamente ni por escrito, nadie mostrase extrañeza, queja o ironía por tal actuar. Estos compañeros que optaron por tal actuación fueron Javier Sancho-Arroyo (de Secretario, quedándole dos años, para ViceDecano) y Luis García Medrano (quien, por el contrario, finalizaba su cargo de Diputado Cuarto).
Hasta ahora, como decía, he sido reacio a comentar públicamente los motivos de nuestras dimisiones. Mi lealtad y respeto a las personas con las que he compartido Junta de Gobierno, así como mi intención de no herir la sensibilidad de nadie me han llevado permanentemente a la discreción. No obstante lo anterior, es evidente que había otros muchos compañeros que, sin pertenecer a la Junta, no eran ajenos a la situación que se vivía en la misma. Por ejemplo, el compañero Gutiérrez -que tanto insiste en solicitar explicaciones a las dimisiones- era conocedor de los motivos de las mismas pues, si sus fuentes de información no le transmitieron los detalles, yo se lo comenté personalmente en varias ocasiones, siendo la primera de ellas el 27 de marzo de 2008. No obstante, me consta que, como “delfín”, nombrado a dedo desde el propio Colegio, estaba al tanto de todo.
Y, precisamente, son compañeros que conocían la existencia de problemas en el Colegio los que públicamente y por escrito están demandando que explique el por qué de las dimisiones: me remito a la página web de la “Candidatura de J. Ignacio Gutiérrez Arrudi”. Si permanezco callado, seguro que el silencio seguirá siendo interpretado negativamente. Me remito, como prueba de ello, tanto a las acusaciones recibidas de “falta de visión institucional” de los que dimitimos (Fernando Sáinz de Varanda, miembro de la candidatura de Ignacio Gutiérrez Arrudi y compañero de despacho del actual Decano), como a las afirmaciones veladas de no sé qué cosas más -y permitidme que no concrete, pues no me sobra el tiempo para entrar en provocaciones-.
¿Y si hablo? Si hablo, ya os lo adelanto, será siempre con respeto hacia las personas y la institución colegial, y rogando a los que me demandan estas explicaciones que sean leales -no conmigo, que no deseo ello- sino con sus amigos, que son las personas que se pueden sentir aludidas en estas líneas. Si el diagnóstico que hago en estas líneas está en lo cierto -cuestión que estaría dispuesto a debatir-, se podrá entender que la ilusión y entusiasmo con el que accedí a la Junta en el año 2006 no se haya materializado. En tal tesitura había de optar: o bien retirarme de ese órgano de gobierno, o bien seguir adelante. Y decidí esto último: aunar intereses similares de otros compañeros -pertenecientes a la Junta y de fuera de ella- para que, con su experiencia y ánimo, y elaborando un programa electoral realista y ambicioso, pudiéramos ser una oferta de renovación en el Colegio.
La candidatura PROFESIONALES DE LA ABOGACÍA constituye un grupo unido, coherente y experimentado a pesar de la diversa dedicación profesional y de las distintas sensibilidades personales de cada miembro. Constituye por tanto un equipo capaz de asumir las responsabilidades del Colegio sin que intereses personales o de otro orden distorsionen su trabajo. Y entiendo que la Junta de Gobierno debe tener este perfil.
Asimismo, este grupo de personas -amén de otros que han colaborado en confeccionar el programa e ideario de la candidatura- tienen un concepto claro tanto de la necesidad de dar un renovado impulso al Colegio y a la profesión, como de los temas importantes y prioritarios que han de abordarse.
Dicho esto, concreto las explicaciones. ¿Qué ha motivado mi dimisión y la de mis compañeros? Sería muy largo de contar la totalidad de experiencias vividas, pero a modo de resumen puedo señalar varias circunstancias:
1. La falta de un proyecto de futuro.
En el tiempo que estuve en la Junta de Gobierno no vi que existiesen ideas o proyectos para dar un impulso a la actividad colegial.
Las actuaciones que se desarrollaban puedo definirlas como de “mantenimiento de la actividad”. Lo anterior no es poco, pero a mi juicio era claramente insuficiente. Incluso puedo decir que con la entrada en la Junta de los compañeros que ahora nos presentamos nuevamente a las elecciones, se incrementó esa “actividad habitual” del Colegio. Véase, por ejemplo, la puesta al día de la Comisión de Honorarios y el incremento de la actividad de la Comisión de Formación, por ejemplo.
Y yo no entré en la Junta de Gobierno sólo para organizar actividades formativas -en mi calidad de Presidente de la Comisión de Formación- o para tramitar expedientes disciplinarios…
Si he de estar en la Junta de Gobierno quiero que sea para hacer algo más, lo que no ha sido posible en la situación vivida. Ello motivó que incluso algunos compañeros dimitiesen antes de iniciarse el proceso electoral.
2. La Junta de Gobierno no la aprecié como un grupo unido y cohesionado. No era un “equipo”. Admito -y debe ser así- que la Junta de Gobierno debe acoger distintas sensibilidades personales y distinta procedencia profesional de sus miembros. Así se conseguirá tener una visión más completa tanto de la profesión como de los problemas de ésta y los problemas sociales en los que tenemos algo que decir.
Sin embargo hay que dar un paso cualitativo del “grupo” para intentar obtener un “equipo”. Éste, el equipo, es algo más que la suma de diversos miembros; es esto último, pero con un plus añadido: la conciencia de todos los partícipes de estar en una misma aventura, donde se intenta ver siempre lo positivo y constructivo del compañero, incluso haciendo dejación de planteamientos personales en beneficio del común sentir del resto; donde hay objetivos claros y proyectos comunes.
3. La predeterminación de quién iba a ser el próximo Decano.
Si los dos anteriores motivos son ya suficientes para dejar la Junta de Gobierno sin agotar el tiempo de mandato, el hecho de que se supiera con anticipación que el próximo Decano debía ser el compañero Gutiérrez fue motivo determinante y no tanto por la persona en sí, sino por el modo de determinar la sucesión.
El “aparato” del Colegio designó, pactó, o no sé qué, que el próximo Decano tenía nombre y apellidos concretos: Ignacio Gutiérrez Arrudi. Cualesquiera otros compañeros que pretendiesen provocar el sano ejercicio democrático de sacar las urnas para votar libremente, no eran más que unos abogados arriesgados que podían someter a la institución al peligro de la desestabilización. De ahí el miedo que siempre se ha tenido desde las altas instancias colegiales a que existieran dos candidaturas con perfil similar que pudieran restarse votos la una a la otra ante la perspectiva de que concurriera una tercera “no afín” a las ideas institucionales.
De esta forma, si sólo había una candidatura rival y quien pudiese postularse a Decano o miembro de Junta de Gobierno era poco conocido dentro del círculo habitual del Colegio y sin apoyos dentro de este círculo, no era peligro. Para su neutralización, bastaba con realizar algunas llamadas telefónicas la víspera de las elecciones y problema solucionado, máxime cuando quien habitualmente participa en las elecciones es el abogado afín al Colegio.
Pero, ¿y si se presentaban compañeros con otro perfil? El “aparato” se vio sorprendido cuando esos locos que pretendían sacar la urna eran compañeros que vivían de la profesión desde hacía años, que no eran desconocidos ni oportunistas y que, incluso, varios de ellos ya habían sido miembros de Junta de Gobierno evidenciando tanto un sentido institucional como un compromiso serio con los problemas e intereses de los compañeros. Estos locos somos nosotros.
Por todo ello, me sorprende que el compañero Gutiérrez se postule como renovador. Que diga que los problemas del Colegio nacen a raíz de las dimisiones, cuando la política acomodaticia del Colegio viene de muchos años atrás, cuando el propio Ignacio era miembro de la Junta de Gobierno. Por cierto, entonces ya tenía este Colegio el personal laboral que ahora tiene y no recuerdo que se hiciera nada al respecto. Si nosotros no hubiéramos hecho nada, todo seguiría igual. Probablemente, en estas fechas, Ignacio sería el candidato único, nombrado a dedo por el “aparato” y tendríamos más de lo mismo durante cuatro años o quizá más. Esta es una oportunidad única. Es la primera vez que compañeros con un amplio historial de trabajo por y para el Colegio, dimiten de la Junta de Gobierno, rompiendo con la dinámica continuista, y posibilitan que exista un debate y elecciones abiertas, en las que no esté de antemano predeterminado el resultado y el Decano. El próximo día 2 tendremos la solución.

Antonio Morán Durán